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[Historias] El dragón vaga por Wasteland. El Sindicato. Segunda parte


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Un extraño pájaro negro salió volando de debajo de los arcos del puente y se acercó a la torre de agua. Los motores zumbaban dentro del pájaro, las alas fueron reemplazadas por hélices diminutas y los ojos eran unos lentes ultra finos: era un helicóptero de reconocimiento en miniatura. El dispositivo escaneó el terreno — terrenos arenoso y pozos con agua estancada y fangosa. Pero el sombrío paisaje de Isla Limpia no era su objetivo.

Una larga sombra se deslizó por la pared de la cabina del transformador. Las cámaras cobraron vida y se enfocaron en el objeto — un viejo vehículo blindado que rebotaba sobre los baches de la carretera. A continuación, se encendieron los analizadores y el sistema de alerta: “El objeto está identificado, transmitiendo coordenadas”. El dron ganó altura en el cielo sobre las aguas poco profundas y se quedó congelado como un fantasma maligno.

Mientras tanto, el vehículo blindado se dirigía hacia la orilla. Varias latas llenas de veinte litros traqueteaban en la parte trasera - en los asentamientos más allá del Anillo, muy pocos habían visto tanta agua. Cuando el destartalado vehículo subió al puente y cruzó la mitad, ya estaban allí - hombres enmascarados con una sonrisa fluorescente. Toda una batería de vehículos bloqueó la carretera y se fundía en una gran mancha de color en la distancia.

- ¡No te muevas, Lloyd! - le llegó una voz amplificada por un megáfono. - Somos el Sindicato. Te interesa escuchar lo que tenemos que decir. Confirma que nos entiendes.

El asaltante solitario miró por el espejo - también se acercaban por detrás camiones extraños. Los forasteros lo rodearon en una plataforma de concreto, en un páramo semi sumergido que emite gases venenosos - no había mejor lugar para atacar. A diferencia de los bandidos ordinarios, estos combatientes estaban siendo dirigidos por una mente fría.

- ¡No tienes oportunidad de irte! - le amenazó el megáfono.

- ¡Y no hay razón para quedarse! - gritó el asaltante en respuesta. - ¡No conozco a ningún schmindicato! Estoy cerrado por una pausa técnica. ¡Para la próxima visita, consulta a mi secretaria! 

Con una risa loca, pisó el pedal hasta el suelo. Las ruedas chirriaron contra el cemento, el viejo vehículo blindado se cayó del puente y se hundió en el pozo de lodo hirviente. El vehículo se dejó caer pesadamente en el barro, su parte inferior crujió sobre la arena, pero el motor gruñó y empezó a ganar fuerza.

- ¡Adiós, pilotos! - saludó el corredor con desprecio. - Compórtate ho… Maldita sea, ¿quieres pescar cebo vivo?

Un enorme arpón atravesó el techo de la cabina. El asaltante volvió a ahogar el acelerador - el vehículo rugió, tirando del cable con fuerza. Azotando las fuentes de barro, el fugitivo llegó a tierra y se dio cuenta: realmente no tenía ninguna posibilidad. El Sindicato corría a una velocidad salvaje, entrando magistralmente en giros peligrosos.

Camiones multicolores rodearon a la víctima - no tenía nada contra su maniobrabilidad y potencia. El asaltante apagó el motor, levantó sus manos en señal de reconciliación, pero lo sacaron de la cabina, lo retorcieron y lo arrojaron boca abajo.

- Serás el primero, lo cojo, - gimió el prisionero, escupiendo la arena. - De todos modos, ¿cuál es el trato?

- Eres Lloyd, estabas con los Hijos del Amanecer, - dijo un hombre alto de hombros anchos con un tatuaje de un dragón.

El superviviente resopló.

- ¿Quién dices que soy? ¡Bravísimo detective!

El hombre no pareció escuchar esto.

- Soy la Espada Celestial, y este es mi Sindicato. Sabemos que robaste el secreto de los Ravagers. Aunque nos ha sorprendido que esto lo haya hecho un viejo. Si nos cuentas el secreto, te dejamos tu miserable vida.

- ¡Pero qué ladrón tan inteligente soy! No tenía ni idea…

El asaltante una vez más se ahogó en la arena - uno de sus captores empujó su cabeza contra el suelo y le retorció los brazos aún más fuerte.

- Está bien… supongo que tengo algo. Espada… ¿Es ese realmente tu nombre? Me temo que los secretos de los Ravagers te alterarán. 

- El dragón se enoja cuando se burlan de él. No tientes al destino, Lloyd. Estoy esperando.

- La información está en otra parte, - el prisionero hizo una mueca. - No creerás que la llevo conmigo, ¿verdad?

- Entonces vuelve al vehículo. Y llévanos allí. Y no trates de fallar. Como puedes ver, partiremos tu chatarra en dos.

- No es “fallar”, sino “largarte” - refunfuñó el asaltante mientras se sacudía el polvo. - Lo que tu digas, jefe. Demos un paseo juntos.

Pronto el grupo llegó a las sombrías ruinas de una fábrica abandonada o de una antigua unidad militar. El asaltante se detuvo frente a un hangar discreto y les indicó a todos que salieran de sus vehículos.

- Hemos llegado, - le dijo al líder del convoy. - Espera fuera. Primero descargaré el agua y desactivaré la seguridad. Luego buscaré lo que necesitas.

- El Sindicato no quiere que solo busques, - lo interrumpió la Espada Celestial. - Necesitamos unas coordenadas claras y específicas.

- No te preocupes, conseguirás tus “coordenadas”. Y créeme, te hará temblar.

El anciano desapareció en las profundidades del hangar.

La Espada Celestial negó con la cabeza con incredulidad. Se volvió hacia los suyos - sin mediar palabra, estos entendieron al comandante y rápidamente avanzaron para llevar a cabo el reconocimiento. Habiendo dejado a algunas hombres para vigilar los vehículos, el teniente del Sindicato también entró.

El hangar estaba ocupado por un camión variopinto gigante. Era como una mezcla de tanque y una carpa de circo, parecía estar observando a la gente con unos ojos pintados a los lados. Del techo colgaban unos ventiladores hechos con tubos de metal, suspendidos de una red de guirnaldas apagadas, y debajo estaba el letrero de “Six Frags”.

- Oye, Lloyd, ¿por qué tienes un circo? - gritó alguien del Sindicato.

El anciano sonrió.

- Piénsalo, ¿qué científico normal no tiene un circo? ¿No es así en el este? Simplemente no entiendo una cosa - ¿a dónde has ido? ¡Te pedí que te quedaras en la entrada!

- Hablas demasiado, - dijo la Espada Celestial. - Mi Sindicato está aquí para inspeccionar todo, y me darás las coordenadas de inmediato.

- Te daré los datos y adiós, - se puso serio el asaltante. - Aquí, encontré el cable correcto. Conéctate a mi sistema, coge lo que quieras.

El teniente arqueó una ceja.

- ¿De dónde has sacado uno de nuestros conectores estándar?

- Meh, vaya cosa. Esto no es lo más raro en mi taller. ¡Chaval! - gritó el asaltante al soldado que se había adentrado en el hangar. - ¡Dije que no hay necesidad de que husmees en mi hangar!

Un técnico del equipo trajo un portátil.

- Escanea el sistema, - ordenó el teniente en su lengua materna. - lo último que necesitamos es coger algún virus.

- Estoy en ello. No se ha detectado ninguna amenaza. Buscando la máscara. GPS. Veo una coincidencia… ¡Comandante, estas son las coordenadas!

- Excelente, - asintió la Espada Celestial. - Descárgalas.

- Sí, - respondió el técnico, mirando la pantalla. - Más del sesenta por ciento ya.

Mientras se realizaba la descarga, el resto de soldados estudiaban cuidadosamente el camión. Al darse cuenta de que estaba cubierto con una lona por un lado, uno de los hombres del teniente retiró el toldo protector.

- ¡Alerta! ¡Ravager!

El Sindicato levantó bruscamente sus armas para apuntar. El asaltante explotó.

- ¿De qué estás hablando? ¡No te atrevas a disparar! ¡Lo necesito! ¡Lo rehice!

La Espada Celestial miró en la dirección de los barriles y vio el casco que estaba envuelto en cables. El robot estaba completamente montado en el camión, sus lámparas se apagaron y los manipuladores colgaban inmóviles.

Pero el teniente ordenó:

- ¡Abrid fuego!

Noventa y uno por ciento.

El menú de carga fue reemplazado por una ventana de error, y en ese momento se produjo un estruendo monstruoso. Los altavoces ocultos en el interior del camión cobraron vida, arrojando unos graves que sacudieron el suelo. Los focos se encendieron rápidamente, cegando a los forasteros con una poderosa corriente de luz, y el Ravager hibernado entró instantáneamente en modo activo.

Pero ahora al Sindicato ya no le preocupaba el Ravager. Fue como si una bomba explotara en el aire. Uno a uno, los soldados dejaron caer sus armas y cayeron de rodillas, presionando sus manos contra sus sienes. El rostro del líder se torció en una mueca de dolor, y luego un impulso eléctrico atravesó a todo el equipo. Temblando en convulsiones, los forasteros daban vueltas en su lugar, habiendo dejado de distinguir entre arriba y abajo.

- ¡Te lo dije, te hará temblar! - el anciano, ileso, se rio. - ¿Te gusta el espectáculo sorpresa del Maestro Caligari? Con tipos como tú, aparentemente, no hay otra forma. Las palabras no pueden probar nada.

Levantó la palanca de la puerta del techo. La lona se arrastró hacia arriba con el sonido de un crujido, despejando el paso.

- ¡Pobre Lloyd! Los has cogido, bien. Ahora van a estar el doble de enfadados. ¿Oye, cuál es tu nombre? Bien, la Espada, si lo encuentras, ¡no tortures al chico!

Caligari saltó detrás del volante y observó pensativamente al escuadrón convulsionando.

- Aunque… No me importa…

Silbando, pisó el acelerador, aplastó la cabina de la Espada al salir del hangar, pasó junto a los guardias y desapareció en una nube de polvo.


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